¿Cómo Donald Trump aprendió a negociar antes de ser Millonario?

En este artículo, analizaré cómo la mentalidad de Donald Trump se forjó desde joven, observando a su padre y convirtiendo su audacia en un imperio. Exploraré los principios que transformaron su estilo de negocios directo y calculador, y cómo estos hábitos tempranos se convirtieron en la base de su éxito. Todo esto está basado en el libro El arte de la Negociación. ¡Una lectura esencial para cualquier futuro negociador!.

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Johanna Castillo

11/1/202519 min read

La mente del negociador: lo que guía cada movimiento de Donald Trump

Quiero comenzar aclarando que no me dedico al negocio inmobiliario, pero los negocios son negocios, y Donald Trump sabe cómo hacerlos. Por eso, me ha parecido interesante compartir algunas de las enseñanzas que deja en su libro El arte de la negociación.

“Dicen que soy un jugador, pero eso implicaría ser quien juega en las máquinas tragamonedas. Yo prefiero ser el dueño de las máquinas. También dicen que soy un optimista, un aficionado al pensamiento positivo, pero en realidad soy pesimista en los negocios: siempre mido el riesgo y me anticipo a lo peor.”— Donald J. Trump, El arte de la negociación (1987)

El Arte de Negociar: Más Allá del Dinero

Para Donald Trump, la negociación es un verdadero arte, una pasión que va más allá de la acumulación de riqueza. No busca el dinero por sí mismo, ya posee más del que podría necesitar—, sino el desafío intelectual y estratégico de cerrar grandes negocios, al estilo de quienes pintan cuadros o escriben poesía, pero con propiedades y oportunidades comerciales.

Su rutina diaria es rigurosa: se levanta cerca de las seis de la mañana, dedica una hora a leer los periódicos y luego se sumerge en su oficina, donde las reuniones breves, de menos de quince minutos, y un promedio de cincuenta llamadas diarias, marcan el pulso de su trabajo. La negociación, para él, no es solo un medio para ganar dinero; es un arte que exige disciplina, visión y audacia.

En los negocios Trump aplica principios claros: comprar barato y vender caro, decisiones basadas en el presente más que en el pasado, y siempre aprendiendo de la experiencia previa sin dejar que esta lo detenga.

Su estilo de negociación

El estilo de Donald Trump en los negocios es simple: apunta alto y no se detiene hasta lograr lo que quiere. Puede aceptar menos en ocasiones, pero casi siempre termina consiguiendo lo que busca.

El dice que la negociación es tanto una cuestión de psicología como de números. Parte de su estrategia consistía en controlar la narrativa pública, en proyectar confianza y en convencer a las partes interesadas de que él era la mejor opción, incluso antes de cerrar el trato.

En general Trump habla muy bien de su padre llegando a decir que el era un hombre muy inteligente. Cuenta que su padre se dedicaba a construir viviendas modestas, conjuntos residenciales sólidos pero sin brillo. Él lo admiraba, pero sabía que quería algo diferente. No quería construir casas que cualquiera podía hacer; quería levantar edificios que la gente admirara, proyectos que llamaran la atención de todo Nueva York. Desde el principio, su meta fue pensar en grande, apostar alto y dejar huella.

Aprendiendo desde niño

Donald Trump comenzó a interesarse por los negocios desde muy pequeño. Su padre, Fred Trump, se dedicaba a la construcción en Brooklingy Y Kens, aunque no pudo estudiar en la universidad por tener que mantener a su familia, logró crear una empresa exitosa que incluso permitió financiar la educación de su hermano, quien se convirtió en un académico y científico reconocido en Estados Unidos. Donald solía acompañar a su padre a las obras, observando cómo se planificaban los proyectos, cómo se negociaban los contratos y cómo se cuidaba cada detalle. Estas experiencias marcaron el inicio de su comprensión práctica de los negocios, algo que ningún libro podría enseñarle por completo.

Forjar un nombre propio

A pesar de ser hijo de un empresario exitoso, Donald nunca quiso vivir a la sombra de los logros de su padre. Su objetivo era crear algo superior el no se conformaba con costruir viviendas en zonas residenciales el queria cosntruir en la Quinta avenida en Manhathan, establecer su propio nombre y fundar su propia empresa. Esta determinación lo llevó a asumir riesgos y buscar oportunidades por sí mismo, forjando una identidad independiente dentro del mundo de los negocios.

La importancia del instinto y la iniciativa

La negociación es algo innato, está en la sangre. — Donald Trump

No estoy segura de haber nacido con la habilidad innata para los negocios. Sin embargo, a pesar de que Donald Trump aconseja no seguir sus pasos, considero que vale la pena aprender de quienes tienen más experiencia. Si el éxito es, ante todo, una cuestión de instinto, estoy decidida a cultivarlo.

Para Trump, la inteligencia es útil, pero lo esencial es el instinto. Sostiene que puedes tomar al mejor estudiante de la Wharton School, con las más altas calificaciones, pero si carece de instinto, jamás se convertirá en un promotor inmobiliario exitoso.

En El arte de la negociación, además se afirma que algunas personas tienen un instinto natural para los negocios y para leer el mercado, una especie de intuición que no se enseña, sino que se desarrolla con la experiencia y la observación. Menciona ejemplos como Steven Spielberg , Sylvester Stallone, que confió en su visión al insistir en protagonizar Rocky, o Martina Navratilova, cuya capacidad para anticipar los movimientos de su rival en la cancha refleja ese mismo tipo de percepción,. Trump añade que le gusta pensar que él también posee ese instinto, y por eso no suele contratar economistas ni analistas de mercado, ya que —según dice— cobran demasiado y muchas veces se equivocan. En lugar de basarse en estudios o proyecciones, prefiere visitar personalmente los lugares donde planea invertir, hablar con la gente de los barrios y formarse una opinión directa del potencial de cada zona antes de comprar o construir.

El equilibrio entre valor y ubicación

Sin duda para aquellos que se dedican al negocio inmobiliario una leccion clave es: que en el negocio inmobiliario es tan fácil arruinarse comprando buenos sitios a precios exagerados como adquiriendo malos sitios solo porque parecen baratos. Según explica, el verdadero talento de un agente no está únicamente en encontrar una buena ubicación, sino en saber valorar el terreno con realismo, sin dejarse llevar por el entusiasmo ni por las apariencias. Para Trump, muchos inversores cometen el error de pagar demasiado por un terreno “codiciado”, creyendo que el prestigio del lugar garantiza el éxito, cuando en realidad pueden terminar sobreendeudados y sin rentabilidad. Del mismo modo, otros caen en la trampa opuesta: comprar terrenos baratos en zonas sin futuro, donde ni el precio bajo puede compensar la falta de demanda. En su opinión, la clave está en detectar el equilibrio entre potencial y precio, y en tener la paciencia para esperar el momento adecuado para negociar.

El Arte de Negociar desde la Supremacía

En el complejo tablero de la negociación, el peor enemigo es la urgencia incontrolable. Tener la imperiosa necesidad de concretar un acuerdo es, a nivel estratégico, un acto de vulnerabilidad. Cuando esta necesidad se percibe, el adversario no solo lo detecta, sino que "olfatea la sangre" y la posición negociadora queda mortalmente comprometida.

La regla de oro dicta es negociar siempre desde una posición de fortaleza. Y la mayor fortaleza reside en la posesión de una ventaja decisiva.

En el ámbito de los negocios, esta ventaja se materializa al poseer aquello que la contraparte genuinamente desea o, mejor aún, aquello que necesita de manera indispensable. Es este dominio sobre el objeto del deseo del otro lo que verdaderamente cimienta el poder y asegura la supremacía en la mesa de negociación.

Ventaja! No se meta en un negocio si no puede contar con ella..

Sin embargo, en el mundo real, la ventaja rara vez se presenta por sí misma. No podemos darnos el lujo de esperar a que la posición de dominio simplemente aterrice en nuestro regazo.

Cuando la ventaja tangible es escasa, es imperativo recurrir al Arte de la Persuasión Vendedora (la "labia" en su forma más elevada).

Nuestra misión, entonces, es construir una narrativa irresistible: debemos convencer a nuestro adversario, a través de una argumentación impecable y una confianza inquebrantable, de que lo que ofrecemos no es un mero deseo, sino una necesidad ineludible para cerrar el trato.

El salto a Manhattan

Al graduarse de Wharton, Donald Trump contaba con unos 200.000 dólares, una base modesta para alguien con sueños tan grandes. Vaya que modesta para alguien con un patrimonio de $7.300 millones de dólares. Razón por la que siguió trabajando con su padre, Fred Trump, en el negocio familiar, aunque pronto comprendió que los proyectos de casas modestas en Brooklyn no eran lo suyo. Él quería algo más: los rascacielos, el prestigio y la energía de Manhattan.

Decidido, se mudó a un pequeño apartamento en la ciudad y empezó a estudiar de cerca cómo se movían los grandes inversionistas. Para codearse con la élite empresarial, se unió al exclusivo Le Club, uno de los lugares más influyentes y sofisticados de Nueva York en aquella época. Allí lo aceptaron con una condición peculiar: no involucrarse con las esposas de los socios, algo que lo incomodó por venir de un hogar tradicional y estable.

En Manhattan, Trump no tenía aún el capital para grandes proyectos, pero sí una visión audaz y la determinación de hacerse un nombre. Fue allí donde empezó a entender que el éxito no dependía solo del dinero, sino de la estrategia, la confianza y la capacidad de negociar con inteligencia y ambición.

Cómo Donald Trump conoció a Roy Cohn

En 1973, poco después de graduarse en Wharton y empezar a trabajar con su padre, Donald Trump enfrentó su primer gran problema: el Departamento de Justicia demandó a la Trump Organization por presunta discriminación racial en el alquiler de viviendas.

Ese mismo año, en una fiesta en el club neoyorquino Le Club, Trump conoció a Roy Cohn, un abogado famoso —y temido— por haber trabajado con el senador Joseph McCarthy en los años cincuenta. Trump le contó sobre la demanda y le pidió consejo. Cohn le respondió sin dudar:

“No llegues a ningún acuerdo. Pelea. Si te atacan, contraataca más fuerte.”

Esa respuesta lo impresionó. Desde ese día, Cohn se convirtió en su abogado y consejero personal, enseñándole un estilo de confrontación directa, de nunca admitir culpa y de usar los medios a su favor.

Trump sabía, como muchos del círculo cercano de Cohn, que el abogado era homosexual, aunque este rechazaba públicamente cualquier etiqueta y mantenía una imagen dura y conservadora. En sociedad, era habitual verlo rodeado de hombres jóvenes y atractivos, algo que todos notaban. Aun así, Trump no tuvo reparo en reconocer su amistad, pese a los prejuicios de la época.

Durante los años siguientes, Roy Cohn fue una de las influencias más marcadas en la formación del estilo personal y público de Donald Trump.

El Hotel Commodore y su transformación

El proyecto que marcaría el inicio de su éxito en Manhattan fue la compra y remodelación del Hotel Commodore, un edificio antiguo y en decadencia ubicado junto a la estación Grand Central Terminal.

Trump tenía alrededor de 27 años cuando comenzó a interesarse por ese terreno, aunque el proyecto se concretaría algunos años después. El edificio estaba casi vacío, y muchos lo consideraban una pérdida segura. Sin embargo, Trump vio una oportunidad: su ubicación era privilegiada.

Negoció con el gobierno de la ciudad de Nueva York y con la cadena Hyatt Hotels, logrando un acuerdo que combinaba inversión privada y beneficios fiscales. El resultado fue la transformación del viejo Commodore en el Grand Hyatt Hotel, inaugurado en 1980.

Ese negocio no solo fue su primera gran obra en Manhattan, sino también el que lo lanzó al reconocimiento público.

“Sin ese trato seguiría cobrando rentas en Brooklyn”

Durante esa etapa, algunos empresarios y periodistas neoyorquinos lo veían como un joven con mucha ambición y “buena labia” —capaz de hablar bien y convencer—, pero sin obras concretas aún que demostraran su capacidad real.

Esa percepción cambió tras el éxito del Grand Hyatt: el proyecto se terminó a tiempo, generó ganancias y revitalizó una parte olvidada de Manhattan. Desde entonces, su reputación pasó de ser la de un “hijo del señor Trump de Brooklyn” a la de un desarrollador por cuenta propia.

El poder de la atención y la hipérbole en los negocios

“Hay que generar interes y hay que generar expectación”

En El arte de la negociación, Donald Trump enfatiza que llamar la atención es esencial para alcanzar el éxito, y que incluso el mejor proyecto puede pasar desapercibido si nadie lo conoce. A propósito del negocio del solar de Penn Central, explica que él mismo se encargó de promocionar el proyecto directamente, porque no confía en las empresas de relaciones públicas ni en los analistas para generar impacto. Trump sostiene que un empresario debe crear entusiasmo por su cuenta, controlando la forma en que se presenta ante el público y los medios. Considera que la percepción de éxito puede ser tan poderosa como el éxito real, y utiliza una analogía para ilustrarlo: “Seguramente hay muchos cantantes fabulosos, incluso mejores que Frank Sinatra, pero que nunca salen del garaje de su casa, porque nadie los ha escuchado”.

Se necesita promoción.

“Puede tener usted en mejor producto del mundo pero no valdra mucho si la gente no lo conoce”

En este contexto, Trump también reconoce el valor de la hipérbole como herramienta estratégica. Exagerar ciertos aspectos de un proyecto —sin mentir, pero resaltando lo más atractivo— puede despertar interés y hacer que las personas se fijen en él. Según su visión, la atención genera credibilidad, y la credibilidad atrae oportunidades. De esta manera, concluye que tener un gran producto o una gran idea no basta: es necesario saber venderla con fuerza, confianza y un toque de espectáculo, porque en los negocios, como en el arte, lo que no se ve, no existe.

Muchos, aunque no sean capaces de pensar en grande por sí mismos, pueden entusiasmarse con las grandes ideas de otros. Por eso, nunca está de más emplear un toque de hipérbole, ya que las visiones audaces tienen el poder de inspirar y atraer a las personas.

La publicidad que no se compra

Trump señala que la verdadera habilidad no consiste en gastar dinero en publicidad, sino en conseguir que los medios hablen de uno sin pagarles. Él admite que, con los años, ha aprendido de los periódicos que lo que más les interesa son los titulares: cuanto más controversiales, mejor. Por eso, dice, suele atraer la atención de la prensa, lo que no significa necesariamente que lo admiren; a veces escriben cosas buenas y otras no tanto. Explica que, si quisiera publicar un anuncio de uno de sus proyectos en The New York Times, le costaría unos cuarenta mil dólares, y aun así la gente podría recibirlo con desconfianza, percibiéndolo como simple autopromoción. En cambio —afirma—, si el mismo periódico escribiera un artículo sobre alguno de sus negocios, aunque no fuera del todo elogioso, ese tipo de cobertura le resultaría infinitamente más valiosa. “No me costaría nada —dice— y valdría mucho más que cuarenta mil dólares”. Para Trump, la clave está en generar interés genuino, porque la credibilidad que otorgan los medios supera con creces cualquier inversión en publicidad pagada.

Publicidad y Negociación: La Táctica del "Ataque en Frío"

La filosofía de Donald Trump en la promoción, descrita en El arte de la negociación, se centra en una estrategia de contramercado: invertir en visibilidad y generar ruido precisamente cuando el público está más escéptico o la competencia es más cautelosa.

La idea esencial es:

cuando la gente no quiere comprar, es el momento de aumentar radicalmente la inversión en promoción.

¿Por qué invertir cuando el mercado es lento?

1. Dominio de la Atención: Si el mercado está en recesión o estancado ("la gente no quiere comprar"), la mayoría de los competidores reducen sus presupuestos de publicidad para ahorrar costos. Al invertir agresivamente en ese momento, el mensaje de Trump sobresale sin esfuerzo, logrando un impacto mucho mayor por dólar gastado que en un mercado saturado.

2. Creación de Expectación (El Hype): Trump, siguiendo el modelo de P.T. Barnum, sostiene que el interés y la expectación son más importantes que el producto en sí, al menos inicialmente. Si un proyecto es anunciado de forma audaz y espectacular cuando todos los demás están en silencio, se crea una sensación de que ese proyecto es una excepción a la regla del mercado frío.

3.Apalancamiento de la Audacia: La promoción agresiva en malos momentos sirve como una herramienta de negociación. Muestra al público y a los socios que Trump no teme al riesgo y está dispuesto a ir a lo grande incluso cuando otros se rinden. Esta audacia se traduce en una posición de fuerza para cerrar tratos y atraer a los compradores que buscan una "inversión segura" o una oportunidad única en medio del caos.

Cuando Trump no siguió sus instintos

Donald Trump recuerda que su inversión en la United States Football League (USFL), específicamente en el equipo New Jersey Generals, fue la única vez en que no siguió sus instintos empresariales. Movido por el entusiasmo y el deseo de competir directamente con la NFL, se dejó llevar por la emoción de estar al frente de un gran espectáculo deportivo.

Trump tenía fe en la liga porque veía una oportunidad de negocio en un mercado emergente, quería mayor visibilidad y prestigio, y creía que podía usar su estilo agresivo para dominar la competición y forzar a la NFL a acuerdos favorables.

Pronto comprendió su error: apostó por lo que él mismo llamó “una liga de perdedores”. El negocio no era rentable, los socios carecían de visión y la liga estaba destinada al fracaso. Trump reconoció que, a diferencia de sus decisiones en el sector inmobiliario, esta vez no analizó fríamente la situación, dejándose llevar por la pasión más que por la prudencia estratégica.

Oportunidades y talento femenino

Trump comenta que, aunque su madre fue ama de casa, ha encontrado que muchas mujeres que ha contratado para puestos clave en sus empresas resultan ser entre sus empleados más eficientes, superando incluso a muchos hombres. Destaca a Louise Sunshine, vicepresidenta ejecutiva durante diez años, como una trabajadora incansable y decidida. Menciona también a Blanche Sprague, responsable de ventas y del diseño interior de sus propiedades, considerándola una de las mejores gerentes y vendedoras que ha conocido. Sobre Norma Foerderer, su asistente ejecutiva, resalta que combina amabilidad y elegancia con una gran firmeza cuando es necesario. Y acerca de Ivana Trump, su esposa y ejecutiva, señala que dirige con disciplina y competitividad, logrando respeto porque exige tanto de sí misma como de quienes la rodean.

Perfeccionismo y estrategias de venta

Donald es perfeccionista y amante de la limpieza, y aplica estos principios en cada negocio. Para vender departamentos, incluso en épocas de crisis, su estrategia no es competir por precio, sino por exclusividad, logrando generar listas de espera para sus propiedades. Prefiere guiarse por su instinto más que por estudios de mercado: visita personalmente los barrios, conversa con vecinos, taxistas y comerciantes para evaluar la viabilidad de una inversión. Considera que los estudios de mercado son costosos, lentos y muchas veces llegan tarde para aprovechar una buena oportunidad.

Cuidando cada centavo

Trump aprendió de su padre que hasta el último centavo cuenta. No duda en negociar o rebajar precios cuando un contratista o proveedor está sobrevalorado, porque esos pequeños ahorros se convierten en dólares a largo plazo, consolidando un enfoque en la eficiencia y la rentabilidad constante.

“Aprendí desde temprano que el dinero cuenta, hasta el último centavo. El día en que empiece a escatimar una llamada de veinticinco centavos para negociar un descuento de cinco o diez mil dólares, ese día sabré que ya he terminado.”

Decisión estratégica: aceptar sólo si el precio era adecuado

1.Lecciones de negociación en Atlantic City

Me llamó mucho la atención cómo Trump maneja proyectos grandes y riesgosos, como su casino-hotel en Atlantic City, ciudad famosa por sus casinos. Aunque tenía buena solvencia económica gracias a sus éxitos inmobiliarios en Nueva York, no tenía experiencia como promotor ni constructor de casinos. Por eso, su decisión de asociarse con Holiday Inns (propietaria de la marca Harrah’s) para desarrollar el Trump Plaza Hotel and Casino no fue por necesidad financiera, sino por una estrategia de palanca y reducción de riesgos. Fueron los ejecutivos de Harrah’s (Holiday Inn Corporation) quienes buscaron a Donald Trump por su reputación como constructor eficiente y el proyecto ya estaba en marcha, para asociarse con él en la explotación de un casino en Atlantic City.

Trump ya había adquirido un terreno privilegiado en el paseo marítimo antes de que el mercado de casinos en Atlantic City despegara, lo que le dio una posición ventajosa para atraer socios e inversionistas. Aunque algunos le aconsejaron no ceder el 50% de los beneficios, Trump consideró la asociación con Holiday Inns vital por tres razones clave:

1. Credibilidad y legitimidad: Como recién llegado al mercado de casinos, la alianza con una cadena hotelera nacionalmente reconocida le otorgaba el prestigio necesario para conseguir la financiación bancaria y la licencia de operación.

2. Sistema de reservas: La red nacional de reservas de Holiday Inns garantizaba un flujo constante de huéspedes al nuevo complejo, fortaleciendo su potencial de rentabilidad desde el inicio.

3. Experiencia operativa: Holiday Inns aportaba su trayectoria en gestión hotelera y conocimiento del sector turístico, áreas en las que Trump carecía de experiencia.

Trump intercambió una parte de los beneficios por estabilidad, infraestructura y un sello de aprobación corporativo. Esta alianza le permitió financiar el proyecto, negociar desde una posición más sólida y reducir significativamente el riesgo inherente a una inversión de esa magnitud.

Inteligencia y oportunidad para ahorrar

En El arte de la negociación, Donald Trump explica que ahorrar dinero no significa gastar menos, sino usar el dinero con inteligencia. Durante la construcción de su primer casino en Atlantic City, aplicó dos estrategias que le permitieron reducir costos sin bajar la calidad: el análisis de valor y la contratación de trabajadores del Tropicana.

El análisis de valor consiste en revisar cada parte del proyecto para encontrar formas más económicas de lograr el mismo resultado. Trump cuestionaba los materiales, los diseños y los métodos de trabajo, buscando siempre alternativas que dieran el mismo efecto por menos dinero. Su objetivo era claro: obtener el máximo valor por cada dólar invertido.

Además, aprovechó una oportunidad única. Cuando el casino Tropicana terminó su construcción, muchos de sus obreros quedaron sin empleo. Trump los contrató y negoció precios muy razonables, logrando un equipo experimentado, rápido y eficiente. Con esto, redujo costos y terminó la obra en tiempo récord.

Estas decisiones muestran que para Trump el éxito no depende solo del dinero, sino de observar, analizar y actuar en el momento justo.

“Muchos empresarios se dejan llevar por los balances y confían demasiado en los administradores. Pero los balances solo muestran una parte de la historia: los números pueden parecer buenos o malos según cómo se presenten, y no siempre reflejan el valor real de una empresa.” — Donald J. Trump

Estrategia y visión: cómo Trump se hizo con el control total de Trump Hotel Plaza

No obstante, pese a su brillante negociación con Holiday Inn Corporation, Trump fue adquiriendo, poco a poco, todas las acciones de la empresa propietaria de Trump Plaza, en la que al principio solo tenía una participación parcial. Comenzó comprando acciones de forma gradual hasta hacerse con el 100 % del control. Esta decisión no fue casual ni impulsiva: Trump lo hizo porque había detectado un detalle financiero que muchos pasaban por alto —la cuantía de las amortizaciones.

Trump entendió que esas amortizaciones representaban un valor oculto dentro de la empresa, ya que reducían los impuestos y aumentaban la rentabilidad real del negocio. Mientras otros veían simples cifras contables, él vio una oportunidad estratégica. Si las amortizaciones eran tan altas, poseer todo el negocio significaba quedarse también con todos los beneficios fiscales y financieros que estas generaban.

Así, Trump demuestra que su éxito no dependía solo de grandes inversiones, sino de entender los números y detectar valor donde otros no lo veían. Su capacidad para analizar a fondo los aspectos financieros y tomar decisiones calculadas le permitió multiplicar sus ganancias y consolidarse como un empresario con visión y estrategia.

2.Lecciones de negociación del Beverly Hills Hotel

Sí lees este libro aprenderás cómo Trump maneja la combinación entre gusto personal y juicio de negocios. Se cuenta que le gusta Los Ángeles y que, durante los años setenta, pasaba muchos fines de semana allí alojándose en el Beverly Hills Hotel. Incluso tenía planes ambiciosos para el hotel: quería contratar a Steve Rubell y Ian Schrager, los creadores de Studio 54 y del Palladium, para que lo gestionaran. Según Trump, Steve era un promotor increíble y podría hacer que el hotel volviera a estar “hot as hell”.

Pero Trump nunca deja que sus preferencias personales nublen su criterio de negocios. Aunque el hotel le encantaba y tenía recuerdos especiales, a él solo le interesaba si podía conseguirlo por un precio mucho mejor del que estaban pidiendo. Esta parte me enseñó una lección muy clara: no importa cuánto te guste algo, las decisiones financieras y estratégicas deben basarse en valor real y no en emociones.

Al final, Trump no concretó la compra, y el hotel fue adquirido por Marvin Davis a un precio más alto. Esto también muestra otra lección: a veces hay que aceptar que perder un trato es parte del juego, y que mantener tus estándares y disciplina puede ser más importante que simplemente cerrar un acuerdo.

3.Negociar con inteligencia y cuidado

Para Donald Trump, el éxito en los negocios no consiste solo en cerrar grandes tratos, sino en hacerlo al mejor precio posible y con el menor riesgo.

Como aquella ocación con su amigo texano, Ross Perot, qui lo llamaba "Dumpi". Perot, un empresario del sector petrolero, le ofreció participar en una inversión millonaria que, aunque parecía una gran oportunidad, implicaba un riesgo considerable y una alta inversión.Trump analizó la oferta cuidadosamente y decidió no involucrarse directamente, a pesar de saber que el éxito del proyecto podría haberle generado millones. Su intuición le decía que algo no estaba del todo bien. Poco después, el precio del petróleo se desplomó, y muchos inversionistas sufrieron grandes pérdidas.

Su decisión, basada en la prudencia y la visión estratégica, le permitió evitar pérdidas de hasta cincuenta millones de dólares y, al mismo tiempo, mantener intacta su amistad con el empresario texano.

El Arte de la Negociación no es solo un best seller sino un manual; es la ventana a la mente de un verdadero titán empresarial. La disposición de Donald Trump para desvelar sus tácticas, revelando que la audacia y la estrategia son la moneda de cambio en las grandes ligas, es, en sí misma, un acto de generosidad que merece ser estudiado y aplicado.